miércoles, 13 de abril de 2011

Un Cuento tristemente Verdadero

Estoy buscando un cuento corto para trabajarlo con Gaia, y de casualidad me encontré con este cuento... se llama "Un niño inteligente" y lo escribe Karmen, así sin más....


Lo fui leyendo, y recordé de repente tantísimas situaciones que he vivido en la escuela.... desde tener que forrar mi carpeta de Biología de rojo y hacer las carátulas con determinado tipo de letra y color, hasta subrayar títulos y divisiones de tareas con color azul durante toda mi primaria, sin excepciones...


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Había una vez, un niño pequeño que comenzó a ir a la escuela. Era bastante pequeño y la escuela muy grande. Cuando descubrió que podía entrar en su aula desde la puerta que daba al exterior, estuvo feliz y la escuela no le pareció tan grande. Una mañana, la maestra dijo:
- Hoy vamos a hacer un dibujo.
- ¡Qué bien!- pensó el pequeño-.

Le gustaba dibujar y podía hacer de todo: vacas, trenes, pollos, tigres, leones, barcos. Sacó entonces su caja de lápices y empezó a dibujar, pero la maestra dijo:
- ¡Esperen, aún no es tiempo de empezar! Aún no he dicho lo que vamos a dibujar. Hoy vamos a dibujar flores.
- ¡Qué bien! -pensó el niño.

Le gustaba hacer flores y empezó a dibujar flores muy bellas con sus lápices violetas, naranjas y azules. Pero la maestra dijo:
- ¡Yo les enseñaré cómo, esperen un momento! - y, tomando una tiza, pintó una flor roja con un tallo verde. Ahora -dijo- pueden comenzar.

El niño miró la flor que había hecho la maestra y la comparó con las que él había pintado. Le gustaban más las suyas, pero no lo dijo. Volteó la hoja y dibujó una flor roja con un tallo verde, tal como la maestra lo indicara.

Otro día, la maestra dijo:
- Hoy vamos a modelar con plastilina.
- ¡Qué bien! -pensó el niño.

Le gustaba la plastilina y podía hacer muchas cosas con ella: víboras, hombres de nieve, ratones, carros, camiones; y empezó a estirar y a amasar su bola de plastilina. Pero la maestra dijo:
- ¡Esperen, aún no es tiempo de comenzar! Ahora -dijo- vamos a hacer un plato.
- ¡Qué bien!- pensó el pequeño-.

Le gustaba modelar platos y comenzó a hacerlos de todas formas y tamaños. Entonces la maestra dijo:
- ¡Esperen, yo les enseñaré cómo! - y les mostró cómo hacer un plato hondo-. Ahora ya pueden empezar.

El niño miró el plato que había modelado la maestra y luego los que él había modelado. Le gustaban más los suyos, pero no lo dijo. Sólo modeló otra vez la plastilina e hizo un plato hondo, como la maestra indicara.

Muy pronto, el pequeño aprendió a esperar que le dijeran qué y cómo debía trabajar, y a hacer cosas iguales a la maestra. No volvió a hacer nada él sólo.

Pasó el tiempo y, sucedió que, el niño y su familia se mudaron a otra ciudad, donde el pequeño tuvo que ir a otra escuela. Esta escuela era más grande y no había puertas al exterior a su aula. El primer día de clase, la maestra dijo:
- Hoy vamos a hacer un dibujo.
- ¡Qué bien!- pensó el pequeño, y esperó a que la maestra dijera lo que había que hacer; pero ella no dijo nada. Sólo caminaba por el aula, mirando lo que hacían los niños. Cuando llegó a su lado, le dijo:
- ¿No quieres hacer un dibujo?
- Sí -contestó el pequeño-, pero, ¿qué hay que hacer?
- Puedes hacer lo que tú quieras - dijo la maestra.
- ¿Con cualquier color?
- ¡Con cualquier color - respondió la maestra-. Si todos hicieran el mismo dibujo y usaran los mismos colores, ¡cómo sabría yo lo que hizo cada cual!

El niño no contestó nada y, bajando la cabeza, dibujó una flor roja con un tallo verde.

6 comentarios:

Erika dijo...

Me ha dado muchísima pena cuando al final a dibujado una flor roja con tallo verde...

Ivett dijo...

Tienes razón, tristisimo!!! Lo malo es que así nos toco vivir la escuela y así les tocará vivir a muchos niños. Allí siempre se busca uniformidad, para eso fue creada no para generar individualidad.

Saludos

Laura dijo...

Erika, a mí me pasó lo mismo.... cuando llegué al final sentí una gran empatía con el niño y se me encogió el corazón...

Ivett, una gran verdad lo que decís!!! uniformidad versus individualidad... soy optimista, y confío que en algún momento el sistema se va a quebrar.

Gracias por pasar por aquí chicas!!!

marcelo dijo...

yo ya soy un hombre de casi 40 años ,y enseño como maestro a un grupo de de unos 13 hombres mayores de 18 años hasta de 75 años , y la verdad es que cuando les pido que hagan y practiquen lo aprendido , creo que esperan que yo los tome de la mano y lo lleve a terreno para repetirle como tiene que hacerse

Laura dijo...

Marcelo, bienvenido!! qué interesante lo que nos compartís, ya que de alguna manera podés situarnos en el futuro del nene del cuento... es lo que más me da bronca de este sistema educativo... todo está fríamente calculado para que egresen año con año miles de chicos dispuestos a obedecer y a hacer lo que otro piensa o quiere... ya hay mucha conciencia al respecto, supongo que el segundo paso será el cambio... Saludos!!

klaus dijo...

auch... me dio tristeza... cuantas veces no pase por eso, y mi enano igual!!! hacia dibujos como por encargo cuando salia del kinder, perros cafes...jirafas naranjas... cuando el me pintaba cosas que eran perros con cola de serpiente de color rosa... o niños volando en cielos claros....

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